Historias de Vida

Crónica del regreso a un lugar imposible

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El reloj marca las 10 de la mañana. Hace un día soleado y caluroso, como casi todos los días del año aquí. El viento ha revuelto mis cabellos y no me importa. Estoy caminando sobre las dunas de los Médanos de Coro. Más allá, un niño de unos 7 años, sin dientes, se deja caer rodando desde una duna más alta, viene rodando cuesta abajo, como si fuera un tronco de un viejo árbol. Me siento como una niña, jugando a que ando en una expedición peligrosa.

El viento sigue la fiesta con mis cabellos. Mis pies se van hundiendo despacito en las cálidas y finísimas arenas, color amarillo tostado. Cómo pueden ser tan pequeños éstos granos de arena! Cuántos millones de granos hicieron falta para hacer posible, este monumental prodigio natural. Son enormes éstas dunas. Recuerdo cuando visité este lugar, hace un montón de años con una tía, y ese día el viento estaba tan furioso que hasta rugía como una fiera.

Cuando estas allí, en medio de la nada, tienes la impresión de estar en el mismo desierto de Sahara, al otro lado del planeta, pero no! esto es Venezuela, un país de clima tropical, donde la naturaleza tuvo el capricho de hacer una especie de parque temático a imagen y semejanza del mítico desierto de Medio Oriente…donde en vez de nómadas y camellos; hay venezolanos y chivos, muchos chivos.

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Foto: Gente Today