Historias de Vida

Héctor Manrique: “Cuando entro al escenario me juego la vida”

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Por Yoyiana Ahumada Licea

El fantasma de Edmundo Chirinos estremece nuevas audiencias. Recientemente presentó en Madrid -en el Teatro Fígaro a casa llena el famoso monólogo acerca de los delirios del psiquiatra venezolano, ya fallecido, que fuera hallado culpable por el homicidio de una de sus pacientes, en un hecho que develó su larga cadena de abusos a las pacientes.

Recibió los vítores del nobel Vargas Llosa, quien dedicó una columna a recorrer las quimeras del psiquiatra al cual recrea el actor y director Héctor Manrique en la obra Sangre en el Diván– libro homónimo de la periodista venezolana Ibéyise Pacheco- Antes de partir ofreció una función abarrotada de público, en el anfiteatro de la Concha Acústica de Bello Monte, arengó a los espectadores para que participaran en los recientes comicios municipales. Ejerce su ciudadanía y es un animal político.

Aunque casi todos sus trabajos reciben apoyo del público, quizá sea la encarnación de Edmundo Chirinos uno de los más aplaudidos hasta por Mario Vargas Llosa. La pieza estrenada en 2014 con gran éxito de público. Polémica por haber sido Chirinos un prestigioso psiquiatra, académico; rector de la UCV, candidato presidencial y analista de tres presidentes de la república de Venezuela.

¿Qué esperas de Sangre en el Diván?

-A mí lo que me interesaría fundamentalmente, es que lo que nos impulsó a hacer este espectáculo sea percibido. Creo que los manipuladores, seductores encantadores y mentirosos que transgreden los muros de contención en el ámbito público o privado, están en todas partes, sin ir muy lejos en España hace unos años, un prestigioso psiquiatra sevillano fue denunciado por haber abusado de sus pacientes. Era un psiquiatra parecido a Chirinos: muy respetado que atendía a una parte de la alta sociedad sevillana. Es el llamado de atención que queríamos hacer con este espectáculo y que tiene que ver con todo aquel que por tener poder lo ejerce para sus fines, sin pensar nunca en lo que el otro necesita. Un ejemplo: una paciente va a verse con Edmundo Chirinos y a él sin importarle cuál es su patología, si a esa persona le gusta o le resulta atractiva dentro de sus cánones, la duerme y abusa de ella. Cuando se descubre que hay más de 1000 fotos de mujeres sedadas, desnudas y muy probablemente abusadas, se revela el uso que él- Chirinos- hacía de su poder clínico, psiquiátrico. Eso fue lo que me impulsó. Apenas leí el libro de Ibéyise Pacheco y el capítulo de la larga entrevista que ella le hizo, la elegí para trabajar el monólogo. Vivimos en sociedades que son cómplices: Chirinos llega a donde llega en Venezuela porque se le permitió. En los corillos de los profesores universitarios por decir un ámbito en el que Chirinos hizo vida, se hablaba de sus procederes, de sus constantes intentos seductores con las alumnas, o sus abusos. Fue profesor allí y llegó a ser rector de la Universidad Central de Venezuela. Podría mencionar a la Sociedad de Psiquiatría de Venezuela que hasta los momentos no ha abierto la boca ante este caso. Cuando leí el libro, recuerdo haber puesto un tuiter muy agresivo generalizando la conducta de los psiquiatras. Exageré acusándolos a todos de cómplices, pero en realidad quería ver quien me confrontaría. Luego pedí disculpas porque uno no puede decir que todos los psiquiatras son una mierda.

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Foto: Cortesía Gente Today