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La otra cara de emigrar: prostituirse para sobrevivir

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Por Ana Rodríguez Brazón

“Era difícil acercarme a esos hombres, huelen horrible, les huele mal la boca. Te insultan y se creen los dueños de ti. Te piden sexo y otras cosas sin preservativos… Muchas veces me maltrataron”.

Este testimonio es de una joven venezolana que emigró a España para buscar mejores condiciones de vida pero que en el camino tuvo que prostituirse para cubrir los gastos de residencia y sobre todo brindar bienestar a su pequeña hija de 5 años.

Laura (nombre ficticio) llegó en octubre de 2017 a un pequeño pueblo de España. Ahí su madre ya tenía más de un año viviendo debido a que se había casado y tenía la nacionalidad, lo que permitió que su hija pudiera entrar de manera legal al país y obtener un DNI por un año. En diciembre Laura ya tenía trabajo y se mudó a una ciudad junto a su pequeña niña.

Por seis meses trabajó fuerte en jornadas de más de 12 horas en un club nocturno. En ese lugar se encargaba de la limpieza  y algunos días de la cocina. Ganaba lo suficiente para pagar 700 euros entre alquiler y servicios y todavía quedaba para cubrir los gastos de alimentación y colegio de su hija.

 

Sin embargo las cosas se complicaron en mayo de 2018 cuando llegó a su casa una carta de extranjería en la que se le indicaba que  estaba cotizando en el seguro social sin tener permiso de trabajo.

“La carta decía que como no tenía permiso para laboral me debían quitar la residencia”

Prostituirse por necesidad

Mientras limpiaba en el club, el cual describe como una especie de hotel con lindas habitaciones,  Laura  conoció el día a día de las prostitutas. Cuenta que a cada una le asignan una habitación para trabajar, dormir y además tienen comida gratis. “Yo limpiaba todo el día y tenía una habitación asignada porque estaba todo el día”.

“Como a los 15 días de estar en ese trabajo las condiciones cambiaron. Me llamaron  para que hiciera bulto en el salón principal, donde está la barra y el tubo, porque tenían pocas mujeres, desde ahí comencé a arreglarme, maquillarme y  entaconarme luego que limpiaba todo. Las mujeres están en el salón  desde las 5 pm hasta las 4 am, pero yo bajaba a las 6 pm”, cuenta Laura con tristeza.

La joven venezolana de 26 años, quien tuvo que dejar sus estudios en su país de origen, sigue su relato e insiste en que es el peor trabajo del mundo.

Las compañeras de Laura tenían varias nacionalidades: dominicanas, venezolanas, colombianas, brasileñas, rumanas, nunca españolas.

Con la notificación de extranjería Laura tuvo que renunciar a su trabajo de limpieza para salir del sistema del seguro social, de lo contrario revocarían su residencia, por lo que tenía que dedicarse a algo que no requiriera papeles.

“Comencé a desesperarme y vi que tenía que quedarme en el club , fue muy difícil. Miré todo, comencé a tener dinero extra, ligaba y subía al cliente. Lo tuve que hacer porque tuve que renunciar al trabajo de limpieza, donde  ganaba mil euros mensuales”

Desesperada por pagar sus deudas, recuerda que la remuneración era buena y un ejemplo es que trabajó duro cinco días antes de que se venciera la renta. Para lograr 1000 euros subía a la habitación a seis hombres diarios. Vio como se drogaban con cocaína y como cumplían sus fantasías. “En cinco días hice 1200 euros”.

Laura cuenta que dependiendo de la tenacidad de las mujeres, se puede hacer hasta 5 mil euros en una noche porque se aprovechan del estado de ebriedad o de las dosis de droga de los hombres para quitarles el efectivo y sacar lo que tengan en las tarjetas de crédito.

En el club donde trabajó esta joven, cada media hora con un cliente costaba 60 euros, pero en otras ciudades puede superar los 150.

El tráfico de mujeres

Laura  agradece a Dios que sólo estuvo en recintos que ella buscó y no cayó en redes de trata de blancas, pues mientras se dedicó a eso conoció casos cercanos.

Relata que existen apartamentos donde hay mujeres encerradas en manos de árabes, rumanos y hasta latinoamericanos. Los hombres coordinan sus citas por internet y cuando llegan a esos inmuebles los esperan cinco mujeres, él escoge una y con esa pasa la noche.

 

En junio autoridades españolas desmantelaron una red de trata, las mujeres provenían de Venezuela y Colombia. En ese operativo fueron liberadas nueve mujeres y 17 integrantes de la banda. Casos como este no fueron ajenos a Laura.

Una amiga de Laura, a quien conoció en un local mientras trabajaban, recibió un mensaje de una allegada que estaba atrapada en un apartamento siendo prostituida.

“Esa persona fue ayudada por un cliente que le dio un teléfono y ahí se puso en contacto con mi amiga. La denuncia llegó a la policía y lograron rescatarla y se encuentra en un refugio. Como mi amiga colaboró, las autoridades españolas la están ayudando, ella tenía una alerta por extranjería y se la quitaron, incluso tiene un hogar”.

Esta joven venezolana ya no se prostituye, poco a poco pudo salir de ese mundo. Incluso ahora recibe atención psicológica por parte del proyecto Amanecer que impulsa Caritas, también recibe ayuda económica y alimentos.

En los últimos meses han sido varias las noticias sobre el rescate de venezolanas que han caído en estas redes. Según reportes en julio 12 connacionales fueron rescatadas en Perú, en agosto 11  fueron encontradas en México, en septiembre 3 en Panamá. Otras no corren con la misma suerte e incluso son asesinadas.

La mayoría de estas jóvenes se dedican a la prostitución en silencio. Sufren las humillaciones para enviar dinero a su familia en Venezuela. En las redes sociales muestran el mejor lado de la ciudad, con fotografías en plazas y centros comerciales, pero cuando cae la noche están inmersas en otro mundo muy diferente y peligroso.

Fotos: Cortesía GuíaONGs