Historias de Vida

La vida de un trabajador de doble jornada

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Por Herminia Rodríguez

“Tener dos empleos me tiene agotado y aun así no logro ganar bien para poder vivir”. Con esta frase inició su conversación con el equipo de La Tribuna de Todos, Wilmer López, un representante de los cientos de trabajadores venezolanos que hoy laboran doble jornada para tratar de obtener más dinero.

López se desempeña desde hace más de 15 años en el área de la ingeniería electrónica pese a no estar graduado de ingeniero por no poder costearse la carrera completa. Además porque esto amerita dejar a un lado otros gastos importantes, como la comida y los estudios de sus hijos.

Diariamente da lo mejor de sí, ofrece todo lo que sabe en esa materia y aprende cosas nuevas. Su día comienza a las 3:00 de la mañana y con suerte puede terminar a las 12:00 de la medianoche, dependiendo del trabajo que le toque realizar y el lugar donde pase la noche. Esto quiere decir que López solo duerme alrededor de 3 horas diarias.

“Vivo completamente agotado, además de trabajar más de 16 horas diarias cuando mis compañeros me dicen que están vendiendo algo económico en algún lugar pido un permiso y salgo corriendo a comprar para llevar los alimentos a casa.”

Desde hace 15 años tiene dos empleos formales en el área técnica y de ingeniería electrónica de dos plantas televisivas de Venezuela, con sede en la ciudad de Caracas. En uno de sus trabajos ingresa a las 8:00 am y sale a las 5:00 pm. El otro el horario es nocturno, de 5:00 pm a 11:00 pm, no tiene ni 30 minutos para realizar diligencias o descansar entre cada empleo. Muchas veces López en su trabajo nocturno realiza horas extras que extiende el horario hasta la madrugada. Manifestó que le conviene, porque le permite ganar un poco más de dinero y también porque puede dormir allí, en el canal.

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Traslados dificultosos

El hombre que no llega a los 50 años de edad vive en Guatire, estado Miranda, una ciudad dormitorio de la Gran Caracas que se encuentra aproximadamente a 30 minutos de la ciudad capital, siempre y cuando te traslades en vehículo privado. Si por el contrario la movilización es en transporte público puedes tardarte entre la espera por el autobús y la distancia, aproximadamente 3 horas.

“Tengo mi vehículo, accidentado desde hace ya 2 años, no he podido arreglarlo por eso dependo del transporte público que está muy mal. Para subir a Caracas desde Guatire tengo que estar en la parada a las 4:00 am, si llegó más tarde vengo llegando a Caracas como a las 10:00 am, muy tarde para ir a trabajar”.

Para bajar de Caracas a Guatire cuando termina el día de trabajo, López también pasa mucha necesidad. Después de las 10:00 de la noche no hay transporte público para ese destino por lo que se ve obligado a quedarse en casa de su mamá o de su suegra en Caracas, de vez en cuando.

La dificultad de traslado tanto para ir a su trabajo como para retornar a su hogar, más el alto costo de los pasajes diarios, que contó es un gasto de 500 bolívares soberanos a la semana y 2.000 al mes, han hecho que este trabajador cambié su vida, su rutina y hasta deje de disfrutar momentos con su familia. Hoy López solo ve a sus dos pequeños hijos que aún tiene en Venezuela, de 3 y 14 años respectivamente y a su esposa, máximo 3 veces a la semana. El resto de los días decidió por necesidad pasarlos en Caracas, pernoctando entre la casa de su mamá, su suegra y su trabajo.

“Antes un señor que vive en Guatire y trabaja también en Caracas, nos hacía servicio de taxi a varios compañeros, pero también se le dañó su carro; ahora estoy bajando a Guatire muchas veces desde los jueves y subo los lunes, gracias a Dios tengo jefes que comprenden la situación y me colaboran, yo por agarrar los viernes trabajo otros días de más. Si hay una necesidad en casa muy grande si bajo de inmediato”.

El dinero no rinde

López preocupado comentó que los problemas económicos en su núcleo familiar se han agudizado desde hace unos 3 años, a pesar que entre sus otros familiares cercanos se ayudan entre si. Cuando alguno ve un alimento compra para ayudar al otro y así siempre poder tener algo de comida para los niños y los adultos. Las medicinas para su mamá también le preocupan, pues son costosas y se encuentran muy poco. La señora ha sufrido cuatro Accidentes cerebrovascular (ACV). En el último episodio no pudieron ni visitar un centro de salud por no tener los recursos necesarios, una vecina conocedora de enfermería los ayudo a atenderla en su casa.

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La suma de sus dos sueldos no llega ni a 4 sueldos mínimos actuales, López gana alrededor de 6.500 bolívares soberanos entre sus dos empleos y con todos los beneficios incluidos.

“Mi esposa, mi mamá y mi suegra más bien me felicitan por todo lo que consigo para llevar para la casa de comida y medicinas y me preguntan cómo hago para rendir el dinero. Yo camino mucho, busco muchas ofertas para poder comprar, los fines de semana voy a buscar ofertas de comida y me camino hasta el sitio, aunque quede alejado, de tanto caminar me he quitado 16 kilos en un lapso de un año, pero no me importa eso lo hago para que me alcance el dinero”.

Nos confiesa que él nunca imagino esto, que una situación tan fuerte llegaría a afectar a tantos venezolanos que al igual que él han tenido que buscar dos o tres empleos.

Momentos para compartir y disfrutar

El tiempo para disfrutar con la familia también se ha visto afectado en la vida de Wilmer López, tiene 4 hijos, dos ya son mayores y les tocó emigrar en busca de un mejor futuro, aquí en Venezuela tiene a sus dos hijos más pequeños.

“Con el poco dinero no puedo ni brindarles un helado a los niños; comparto de otra forma: preparamos un juguito, unas arepitas, vamos a un parquecito gratis o a una placita donde el niño pueda jugar con el balón y la niña voleibol, así comparto, pero llevarlos de viaje como hacía antes a visitar a mi familia a otros estados o a Margarita eso ya se acabó, eso en mi familia se acabó, no sé qué es eso desde hace tres años”.

Hace tan solo unos días el trabajador pidió sus vacaciones en ambas empresas, con el dinero que percibiera por este descanso pensaba compartir con sus hijos y esposa, pagar las inscripciones de los colegios, además de comprar los útiles escolares y los uniformes.Sin embargo, no fue así, el dinero recibido por sus vacaciones de 15 años laborando en estas dos empresas “no alcanzó para nada” aunque logró resolver pidiendo prestado y vendiendo algunas cosas. Aunado a eso se le presentó un grave problema de filtración en su vivienda.

“Estando en casa surgieron otras necesidades, tuve un problema de filtración en el apartamento, fue muy incómodo tenía el apartamento todo inundado; por no tener plata para pagarle a obreros yo mismo rompí las paredes y me di cuenta que todas las tuberías estaban oxidadas, busque presupuesto para resolver el problema y era mucho dinero, tuve que vender las esclavitas de oro de los niños, un teléfono y otras cosas, además de  pedir los dos fidecomisos, pero el fidecomiso no me alcanzo ni para una tuerca. Estoy viviendo de préstamos para poder resolver eso, porque lo que gano no me da ni para pagar la cuarta parte de las tuberías del apartamento, creo que voy a tener que pasar un diciembre con las paredes rotas”.

Sueños rotos

En los próximos días la hija de López cumple 15 años, su sueño como el de toda joven de su edad es tener una fiesta y poder recibir un teléfono celular como regalo, pero la situación económica que enfrenta el país no le permite a su papá poder complacerla. Él triste y preocupado desea poder realizarle a su hija esa celebración y darle su obsequio, pero dice que “o comen o hacen la fiesta”, “o comen o compran un celular”.

“No puedo de ninguna forma, el dinero no me da, así yo cobré mis aguinaldos eso no me da ni para comprar el teléfono, ni para poder hacer una fiesta. Que mala la situación, nunca me imaginé que iba a pasar por esto, tengo la ilusión de hacerle a mi hija una sorpresa y no puedo, yo he hablado con ella y ella lo único que hace es llorar”, finalizó.

Fotos: Herminia Rodríguez