Historias de Vida

La Virgen de la “Chinita” me salvó de la muerte

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Por Elaine Marrero

En Venezuela hablar de la Virgen de La Chiquinquirá o de la “Chinita” como suele llamarse por cariño, es hablar de devoción, favores recibidos o milagros. Esta Virgen maracucha que llegó al estado Zulia flotando en una tablita, sobre las olas del Lago de Maracaibo y que se venera todos los 18 de noviembre, se ha convertido en la adoración mariana de todo el país. No hay petición que se haga y la santa no cumpla.

Hace 3 años se me practicó una histerectomía, se me quitó el útero pero me dejaron los ovarios. Ese día como todo lo importante que hago en mi vida me encomendé a la Virgen de la Chinita. Recuerdo que en la red social Facebook publiqué: “Llegó el día… Mi Chinita a ti me encomiendo!!!.

Me operaron y a las 72 horas me dieron de alta porque todo parecía estar muy bien. Sin embargo, eso no fue así. Al pasar el primer día en mi casa comencé a sentir nauseas por todo lo que ingería, sentía que por mi garganta no bajaba ni el agua. Mi barriga comenzó a inflamarse.  Horas más tarde a las molestias de la herida se sumaban los vómitos por todo lo que ingería, hasta por el agua. Pasaron dos días y me puse peor . Ya no podía levantarme de la cama por el malestar en todo mi cuerpo, mis piernas se comenzaron a hinchar y mis manos también.

Un íleo paralítico

Me llevaron a la clínica y la doctora que me operó expresó enseguida: ” Hay que hospitalizarla de urgencia, tiene un íleo paralítico. En otras palabras, los músculos de mis intestinos no permitían el paso de las comidas y no podían eliminar los desechos del cuerpo; se habían quedado paralizados tras la operación y por lo tanto no funcionaban.

Recuerdo que lo primero que me hicieron fue introducirme una manguera por la nariz que bajaba por mi garganta hasta llegar a mi estómago. Mientras los médicos practicaban el procedimiento yo vomitaba al mismo tiempo. Era algo muy desagradable pero necesario para poder sacarme por esa vía todos los desechos que estaban en mi estómago. Cada cierto tiempo extraían líquidos por esa manguera.

Pasaban los días y los intestinos seguían paralizados, mi cuerpo se tornaba más hinchado pese a que no consumía ni agua, solo suero vía intravenosa.

Solo una vez me dieron de tomar un líquido de contraste para poder realizarme una resonancia magnética. Ese día la Dra me advirtió que el sabor de la medicina era muy desagradable por lo que si sentía ganas de vomitar, detuviera la ingesta cuando lo necesitara. Pero para mi, que tenía unos 4 días sin beber nada, ese líquido era como tomarme un refresco o un jugo de la mejor fruta. Sentía que eso refrescaba e hidrataba mi garganta, era la gloria en ese momento.

La desesperanza

Pasaban los días y mi cuerpo no respondía a los tratamientos. La herida de la histerectomía se me abrió y la sangre que salia de allí tenia un olor fétido. Mi mamá salió corriendo asustada a pedirle ayuda a la enfermera. Y al preguntarle por qué estaba ocurriendo eso la enfermera comentó: “A ustedes no le han hablado claro sobre lo que ella tiene? No les han dicho que su hija está infectada?”.

Cuando escuché esas palabras una desesperanza invadió mi cuerpo, y solo pensé en mis hijos, uno de 8 añitos y otro de 11, quienes me esperaban en casa y diariamente preguntaban: “¿Pero por qué mi mamá tarda tanto para que le quiten esos puntos?”. Ellos no estaban enterados de lo que ocurría conmigo porque pedí que no se les dijera nada, no quería que me vieran en ese estado. Pensé que si moría era mejor que mis hijos me recordaran sana y no llena de mangueras por todos lados.

Mi hemoglobina bajo a 5 puntos luego de ese derrame, por lo que decidieron hacerme una transfusión de sangre y comenzaron a evaluar la posibilidad de operarme nuevamente para ver que sucedía con mis intestinos que nos respondían. Ante este panorama y luego de lo dicho por la enfermera, estaba consciente de que una nueva intervención quirúrgica, en mis condiciones, no podía tener un final feliz, me sentía triste, desvastada,  sin esperanzas.

Una petición por Facebook

Durante todo ese tiempo que estuve hospitalizada mi teléfono lo respondía mis primas o mi mamá, pero hubo un instante que sentí la necesidad de agarrarlo y  me metí en mi cuenta en Facebook. Allí vi la frase que la red social dispone para actualizar el estado que dice: ¿Qué estás pensando Elaine?. Enseguida pensé en lo que me sucedía, en lo que podría pasar si yo moría, lo que sufrirían mis hijos, qué iba a pasar con ellos. Y fue entonces cuando escribí y publiqué mi plegaria:

  “Mi chinita no me abandones por favor. Te lo pido por mis angelitos”

Esa noche entre lo poco que podía dormir, porque cada unas 4 horas entraba a la habitación una enfermera a colocarme medicamentos o suero, soñé con mis hijos, con todo lo hermoso que era tenerlos en mi vida.

Así que al día siguiente sin ninguna explicación me levanté con ganas de luchar por mi vida, convencida de que podía superar ese mal momento. Pedí caminar, dije que quería caminar mucho y así lo hice por los pasillos de la clínica, de un lado al otro. Descansaba un rato y seguía. En horas de la noche de ese día empecé a sentir como mis intestinos se movían, comenzaban a funcionar poco a poco con normalidad. Llamamos a la Dra para informarle y lo primero que exclamó fue: “Gracias a Dios”, pero yo sabía que mi Chinita era quien me había hecho el milagro.

Aunque mi mejoría era evidente, estuve dos días más hospitalizada para que los doctores monitorearan mi evolución. Cuando me dieron de alta las enfermeras, que me atendieron todo ese tiempo, al verme salir me dijeron: “A usted la salvó un milagro”. La Chinita había escuchado mi petición, y me regresó al lado de “mis angelitos”.

Fotos: Pixabay/ @MisaChinita/ @todozulia