Historias de Vida

Juan Guillermo Requesens Gruber: mi vida cambió drásticamente

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Por Vanessa García

Juan Guillermo Requesens Gruber recuerda claramente las palabras que le dijo a su hijo, el diputado a la Asamblea Nacional, Juan Requesens, aquel viernes de diciembre del año 2002, en pleno paro petrolero (también conocido como paro nacional) contra el entonces presidente de la República, Hugo Chávez Frías. Hasta ese día fue Teniente Coronel del Ejército venezolano.

“Me tuve que ir de baja, precisamente por aplicar el artículo 57 de la Constitución, por expresar a viva voz mi desacuerdo con el régimen. Yo llegué a la casa con la baja y Juan de 13 años me dijo ‘Papá ¿estás arrepentido?’ Yo le dije no. ‘Porque nadie debe arrepentirse cuando se trata de una lucha justa’, me lo dice un muchacho de 13 años que 16 años después está preso por mantener una lucha justa”.

Cuando a Juan Guillermo Requesens Gruber se le pregunta si pensó alguna vez que pasaría por una situación como la que atraviesa desde el pasado 7 de agosto de 2018, señala que en alguna oportunidad sí temió que algo ocurriera debido a la lucha activa que llevan sus hijos: Juan Requesens, diputado a la Asamblea Nacional por el estado Táchira para el periodo 2016 -2021, y Rafaela Requesens, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela.

 

“No de la forma como sucedió porque es una violación flagrante a la Constitución contra ellos dos, porque a los dos se los llevaron sin una orden, y más violentarle el estado de derecho en su artículo 200 a Juan… Pensé que podía pasar alguna vez, pero una cosa es lo que tú piensas y otra cuando enfrentas la realidad. Es como cuando tienes un familiar grave, que sabes que va a morir, que está en su etapa terminal. Dices estar preparado, pero llega el momento y demuestras que nunca estás preparado. Me agarró fuera de base, quizás porque eso siempre había estado en la mesa, yo pensé más en Rafaela que en Juan por esa situación como diputado; sin embargo me tocó, me agarré, fue un trancazo para la familia, pero aquí estamos”, explicó.

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Ese “trancazo”, como lo llama, los obligó a él, a su esposa Paula Martínez y a Rafaela a levantar una bandera: la libertad del parlamentario que lleva 3 meses preso en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en El Helicoide, acusado por el presidente de la República, Nicolás Maduro de ser partícipe en un intento de magnicidio en su contra el 4 de agosto.

Un cambio drástico de rutina

Requesens Gruber confiesa que siempre que escuchaba sobre el caso de un nuevo preso político se imaginaba el sufrimiento que podía pasar, no solamente quien se encontraba tras las rejas injustamente, sino la familia que debía asumir una nueva dinámica.

 

“¿Qué ha significado esto? Un cambio drástico en nuestra rutina. Nos hemos tenido que repartir las cargas. Parir como se dice vulgarmente. Su mamá va a El Helicoide, todos los días se para a las 6 am para hacerle sus comidas, yo cubriendo los eventos, Rafaela aquí y allá que está en el exterior. De manera que no ha sido fácil. Hemos tenido que repartirnos las cargas en esto y por supuesto vivir las angustias de la incertidumbre, del qué va a pasar, cómo está, porque sabemos ante que estamos tratando. Estamos tratando con unos delincuentes. Por lo tanto eso es parte de esta vivencia y esta preocupación del día a día”, relató.

Requesens Gruber cumplió el pasado 6 de noviembre 37 años como médico. Su rama es la traumatología. Durante las protestas antigubernamentales del año 2017, llegó a atender sin cobrar ningún honorario profesional a aquellos manifestantes y trabajadores de la prensa que ingresaron heridos a la Policlínica Las Mercedes, municipio Baruta del estado Miranda, por la acción de la Guardia Nacional Bolivariana. Actualmente, tuvo que cambiar su consultorio por foros y espacios de encuentro político en Caracas y otros estados para denunciar las irregularidades cometidas contra su hijo.

“Hasta mi actividad profesional se me alteró. Yo tuve que retomar hace mes y medio mi actividad profesional, solamente los martes y los jueves. Hago lo que tengo que hacer, me debo a mis pacientes, me sirve de distracción y hay que producir… Yo he tenido que asumir la bandera de mi Juan porque él dijo hoy estoy yo aquí, mañana no lo sé… Esto es una curva de aprendizaje en la vida. Me ha tocado ser la voz de Juan y hacer cosas que yo no me imaginé. Para mí no es un orgullo, para mí es un honor hacerlo, para mí es un honor tener a mis hijos… Yo tengo 90 días sin dormir bien, me paro a las 2, 3 de la mañana con mucha inquietud. La gente me dice ‘Juan tienes que dormir, descansar. Juan te necesita, el país te necesita’; sin embargo yo no tengo derecho a cansarme. Prohibido cansarme”, enfatizó.

La voz de Requesens en el exterior

Rafaela Requesens fue la última persona en ver en libertad a su hermano. De hecho, ella llegaba con el diputado a su residencia en Terrazas del Club Hípico, estado Miranda, cuando arbitrariamente los funcionarios del Sebin se los llevaron la noche del 7 de agosto y horas después la liberaron.

No ha sido fácil, creo que una de las pruebas más difíciles que me ha tocado vivir. Te repito, te he extrañado mucho, lo último que recibí fue un abrazo a medias en El Helicoide. Es una porquería, para no decir otra palabra, que trato de aguantar las lágrimas, pero nunca puedo. Te extraño chuchi.”, le escribió a su hermano desde su cuenta en Instagram el pasado 26 de octubre.

Esta red social y Twitter se convirtieron en sus espacios de denuncia, así como el Forum 2000 en Praga, República Checa y la Universidad George Washington, en Estados Unidos. 

Seis visitas en 90 días

44 días después de la detención, Paula Martínez y Juan Guillermo Requesens, lograron ver a su hijo en El Helicoide. En esa primera visita estuvieron presentes funcionarios del Sebin y fue grabada. En las cinco restantes ya no había efectivos en la sala, pero mantuvieron las cámaras. 

“Nos llamaron a última hora, ‘que vengan’, fuimos, no había nadie, nos regresamos, ‘regresen que sí’. Oye, la expectativa, era como un knock out, aturdidos porque pensaba que era embuste, hasta que lo vi por primera vez. Ahí sí lloramos los tres… Él es muy pegado con su madre y conmigo, pero yo trato de mantenerme fuerte, delante de él no quebrarme… Él siempre me dice al oído ‘te amo, papá, confío en ti, lo estás haciendo bien… Llama a la unidad, transmite el problema país que es lo importante, no te pares solo en mí, hay otros presos políticos. Te amo papá, sigue, confío en lo que tú estás haciendo”’, comentó su padre.

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Las irregularidades

En tres meses de reclusión en el Sebin, la defensa de Juan Requesens no ha tenido acceso a él. Su abogado Joel García reveló que el Tribunal Primero de Control en materia de Terrorismo se constituyó de forma ilegal porque la secretaria presente ese día no está registrada como abogada de la República, así que denunció que la audiencia de presentación es nula y debe ser dejado en libertad.

 

El parlamentario fue imputado por los delitos de instigación pública continuada, homicidio intencional calificado en grado de frustración en la persona del Presidente de la República, traición a la patria, homicidio intencional calificado contra siete efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, asociación para delinquir, terrorismo y posesión de armas y municiones.

En 90 días el tribunal no ha dado despacho por lo que tampoco recibe la solicitud de traslado del diputado a una unidad odontológica especializada para atenderlo por un problema en una muela que le ha ocasionado un edema facial. Las alarmas también están prendidas porque Juan Requesens requiere un tratamiento especial por una cirugía bariátrica que se le practicó.

La familia Requesens repite una y otra vez las palabras que ofreció el parlamentario durante su discurso en el hemiciclo de sesiones, horas antes de que el Sebin se lo llevara: “Yo me niego a rendirme”. Están claros que mientras luchan por su libertad, además de enfrentarse a todo el aparato de propaganda del Gobierno Nacional, deben enfrentar a un enemigo difícil entre tantas noticias y detenciones arbitrarias en Venezuela: el olvido.

Fotos: Vanessa García/ Rafaela Requesens