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Niños tristes y desmotivados, secuela de la emigración de padres en busca de futuro

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Johanna Valero

La crisis humanitaria que aqueja a Venezuela ha desarmado a familias enteras, cuyas cabezas se han visto obligadas a dejar a sus hijos con familiares para emigrar en busca de una mejor calidad de vida.

Un drama cada vez más frecuente en Venezuela y que, a juicio de Luisa Pernalete, coordinadora del proyecto de ciudadanía y paz de Fe y Alegría, tiene tres dimensiones: El niño que se queda solo sin padre y madre o sin ambos; los padres, quienes se van porque están desesperados y no pueden más con la situación; y el familiar o vecino que se queda a cargo del niño y no tiene tiempo para cuidar de él, educarlo o simplemente no puede alimentarlo.

Además de la escasez generalizada; la falta de alimentación, de medicinas, de vacunas y la hiperinflación, que hoy transforma la vida de niños y jóvenes venezolanos, el fenómeno del abandono de sus padres -quienes han decidido emigrar- afecta el crecimiento y desarrollo del niño; un proceso que se inicia en el momento en que la madre lo concibe y culmina en la pubertad, período durante el cual se alcanza la madurez humana en sus tres aspectos: físico, psicosocial y reproductivo.

Niñas con responsabilidades de mujeres

Kelly Acevedo (15 años), vive con su padre Manuel y su hermana Ashley (10 años) en La Candelaria, Caracas. La joven tuvo que despedir a su madre, Yosy Ochoa, hace siete (7) meses, quien emigró a Santiago de Chile en busca de un futuro mejor para sus hijas porque no aguantaba los embates de la crisis.

Con el tiempo, Kelly tuvo que suplir el rol de su progenitora para atender a su hermana menor debido a que su papá sale todos los días a trabajar en informática para darles de comer. “Papi siempre ha comprado la comida, pero ahora recibe la ayuda monetaria desde el país chileno que mami nos manda para apalear la situación”. 

Con la voz entrecortada, la joven describió a La Tribuna de Todos que su mamá había emigrado porque ya no aguantaba más la crisis que se vive en Venezuela y le resultaba muy difícil poder cuidar de su hermana y de ella estando sola con las dos. “Yo siempre estaba con mami y ella conmigo y nos llevamos súper bien, pero con papá no tengo muy buena comunicación”, señaló.

“Mami siempre dio todo por nosotras dos. A mí me ayudó mucho en mi afición por querer ser modelo. Tanto, que hoy día soy modelo graduada, canto, bailo y estudio teatro. Aunque desde que ella partió del país no pude continuar con mis clases teatrales porque tengo que cuidar de mi hermanita”, continuó.

Las adolescentes, estudiantes de Cuarto (4º) año de secundaria y sexto (6º) grado en los colegios Ávila, en La Hoyada; y Alcázar, en La Candelaria, respectivamente; han tenido que dejar de lado las actividades propias de niñas de su edad para ocuparse de otras responsabilidades.

“Yo lavo la ropa de todos, friego los platos, hago el desayuno, el almuerzo y la cena para papi y mi hermana (…) Con esta situación me he alejado un poco de mis amigos, ya casi no salgo ni comparto porque tengo que estar al frente de la casa y del cuidado de todos”, dijo.

El riesgo de la depresión 

Luisa Pernalete, coordinadora del proyecto de ciudadanía y paz de Fe y Alegría, recomienda a los padres hablar con la verdad a sus hijos cuando deciden emigrar

La vocera de Fe y Alegría narra un caso que ocurrió en Maracaibo, el pasado mes de marzo, donde una joven de 17 años acudió al colegio de sus hermanos menores y le dijo a la coordinadora educativa del plantel que debía hacerse cargo de ellos. Su madre emigró para ayudar a mantenerlos y, por lo tanto, no podrían ir todos los días a la escuela porque ahora es ella quien debe cuidarlos y no quería perderlos de vista.

“Aquí son tres las víctimas de una crisis compleja donde estos menores se ven afectados en su desarrollo psico-emocional”, indica.

A juicio de Pernalete es una situación que agobia directamente a los infantes, porque los convierte en personas tristes, desmotivadas que corren el riesgo de caer en depresión.

“La situación es cada vez más precaria por la cantidad de niños que nos reportan (…) para ellos es difícil quedarse sin sus padres e ir con la vecina, con un familiar o su madrina”.

En el mes de mayo, Fe y Alegría constató que solo en 10 escuelas en la región de Guayana el promedio de casos de abandono era de 45 niños o adolescentes, pero actualmente ya contabilizan 450 menores de edad.  “Es duro, son 450 chamos solos o con una parte de su familia”, expresó la docente.

Mientras que en una sola escuela de la zona de Occidente del país la organización registró durante el censo del mes de marzo, 104 niños en situación de abandono. “¿Cómo se hace para acompañar a tantos niños?” se preguntó la especialista en conversación con La Tribuna de Todos al enfatizar la necesidad de que los menores cuenten con un acompañamiento especial para poder enfrentar el problema, a través de profesionales en la materia.

No obstante, cada vez son menos. Incluso en esta institución tampoco hay personal que pueda ayudar a los menores de edad.

El duelo de separar a la familia

La Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente (LOPNNA) dicta que el Estado debe garantizarle a todo niño, niña y adolescente todas las condiciones para el resguardo y disfrute de los derechos de los menores de edad, en especial para quienes están en situación de pobreza. El Gobierno, ante la actual situación de crisis, ha perdido sus obligaciones y no ejerce su responsabilidad como garante de los ciudadanos.

Carlos Trapani,coordinador general de Cecodap, recuerda que el Estado tiene la obligación de velar por el bienestar de los niños y adolescentes

Así lo asegura Carlos Trapani, abogado y coordinador general del Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap), quien destaca -además- lo difícil que es cuantificar en la actualidad el número de niños en situación de abandono.

“Llevar el control de procesos migratorios es muy complejo. No hay cifras oficiales del Gobierno que permitan hacer algún tipo de diagnóstico que muestre esta realidad”.

Sin embargo, el jurista explica que lo que está ocurriendo en este tipo de abandono, producto de la migración, es que entre la propia familia se protege la información relacionada con el viaje de unos de los tutores o padres, es decir, estos deciden marcharse y acuerdan con un miembro o alguien de confianza quién se hará cargo del infante. “Ellos estudian durante el proceso de duelo cuál es la persona más idónea para cuidarlo”.

La situación de “duelo migratorio” como lo denominan los especialistas también les genera a los padres una sensación de culpabilidad por tomar una decisión que termina por perjudicar a su hijo emocionalmente.

El experto recalca que muchas veces esas decisiones van en detrimento de la vida del niño y del adolescente porque impacta en su desarrollo psicológico al sentirse niños abandonados.

“Escolares en orfandad”

Sobre lo que han llegado a denominar como “escolares en orfandad”, Pernalete destaca que no siempre los familiares, papá o mamá, manejan la situación de la  manera correcta, porque en algunas ocasiones optan por mentir al no saber qué hacer al respecto.

“Le dicen al niño: ´yo voy a venir pronto a buscarte´, cuando la realidad es otra y la desesperación los lleva al colapso debido a que ni ellos mismos saben si regresarán”.

Pernalete recomienda que cuando los padres deciden irse y dejar a sus hijos, deben hablarles con la verdad hasta donde los niños alcancen a entenderla: “Yo voy a irme fuera del país en busca de algo mejor y haré todo lo posible por llamarte toda la semana o venirte a buscar cuando termine el año escolar”. Frases como esta, sostiene, ayudan a comunicar la decisión de emigrar, ya que son argumentos más creíbles.

Lo más importante, enfatiza la especialista, es hacer lo posible y velar porque el familiar, el amigo, la vecina o el abuelo que se quede a cargo, estén muy pendientes del cuidado emocional del menor ante los cambios que se avecinan y que, sin duda, impactarán en su vida.

Fotos: Pixabay.com / @vidapazlibertad,@FeyAlegriaVE, @carlosmtrapani