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Panaderias sin pan, otro reflejo del “socialismo” venezolano

María Fernanda Zambrano – Fotos: Alfredo Coronas. 

Para conseguir un pan en Venezuela no basta con entrar en una panaderia. La escasez de alimento, también arropó al otrora siempre presente en la mesa nacional. Los altos costos también lo alejaron de los comensales. Un campesino puede tener un precio de entre quinientos mil (Bs. 500.000) y ochocientos mil bolívares (Bs. 800.000), pero también cuesta hacer una cola bajo el sol o la lluvia, perder una o hasta dos horas del horario laboral sin contar que se debe llevar la bolsa para resguardarlo.

En una panadería reconocida y ubicada en la avenida Baralt, en la esquina Guanabano principal vía que comunica con el centro de Caracas, se conoció que reciben harina proveniente solo del Estado, porque está prohibida su compra por otras vías. La venta está limitada a 100 sacos a la semana, sin embargo antes en el depósito contaban con 400 o 500 unidades para el mismo periodo de tiempo.

El encargado de esta panadería, cuya identidad no quiso que fuese revelada, contó que hace aproximadamente dos semanas les llegó  un lote de 150 sacos de harina, precisó que diariamente utilizan de 4 a 5 sacos para satisfacer a la comunidad.

El joven quien compartió que hace dos meses se aventuró a una nueva vida en Perú y que regresó porque el escenario “no era como lo pintan”, dijo que en varias oportunidades fiscales de la Sundee llegaron al establecimiento con carpetas en mano, hasta que en una oportunidad de boca del mismo superintendente William Contreras se escuchó la palabra “exprópiese”.

Venta al público, la más grande batalla

El encargado de la panadería ubicada en la popular esquina caraqueña, insistió que se hace cuesta arriba mantener los precios dado lo cambiante de la economía de Venezuela y la evidente hiperinflación. “Las empresas nos llegan a nosotros con precio nuevo… muchas personas se quejan por el precio elevado pero no es porque uno quiere, esto viene de las empresas que nos distribuyen a nosotros, los proveedores”, dijo.

Explicó que muchas veces la materia prima como la levadura es adquirida a precios importados, mientras que la manteca y la mantequilla, distribuida por Polar, se consigue a “altísimos” costos.

“Tratamos de mantener el precio lo mas que podemos, sabemos la situación, nosotros también nos vemos afectados. ¿Qué llama a la persona? el pan, y  con el pueden adquirir otra cosa, como un jugo, la charcutería pero si elevemos mucho el precio perdemos clientes.”, expuso.

Ofreció un balance de lo que va de año y dijo que el período entre diciembre y enero el flujo de clientes fue mínimo, el primer trimestre regular además de recalcar la diáspora que también los ha trastocado como empresa, “muchos jóvenes se han ido del país – yo mismo lo hice- , los pasteleros se rotan muchísimo porque es lo que más buscan afuera”.

No vislumbra una “Feliz Navidad” con uno de los platos más emblemáticos de estas fechas, el pan de jamón, del que prevé que su costo será casi inaccesible para una persona que gane sueldo mínimo. “Ahorita no podría decirte cuánto costaría porque los precios suben a diario”, subraya para aclarar que también ellos como empresa deben prepararse y anticipar la compra, por ejemplo, del jamón ahumado por lo menos con tres meses.

 A la sombra de los Clap

A raíz que la panadería casi fue expropiada por la Sundee por tener colas en sus alrededores y acusados por presuntamente ser acaparadores y no usar la harina para hacer el pan sino en dulces, les fue impuesta de cierta manera la presencia de integrantes de los llamados Comité Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) quienes tienen la función de velar que llegue el pan a la comunidad.

El encargado del establecimiento antes mencionado ubicado en la avenida Baralt explicó que de la harina de trigo que reciben 70% es asignada a los Clap y 30% es para la producción de la panadería y que este mecanismo viene dado por zonas.

A su juicio, pese que la presencia del Clap se ve como una medida con cierta imposición asegura que ha trabajado de buena manera y se ha cumplido dicha distribución encomendada por la Sundee. “En cierta parte ellos nos salvaron que nos expropiaran, ellos alegaron ante la Sundee la verdad que nosotros no escondíamos el pan y que las colas era porque muchas veces la gente buscaba revender el producto”.

Por su parte, Reina Vieira encargada de los Clap en esta panadería explicó que el mecanismo fue que se llegó a un acuerdo con esta panadería para que se distribuyera el pan regulado a la comunidad que comprende aproximadamente 600 familias inscritas y solo que hagan vida en la zona  a quienes se les da una bolsita con 5 panes franceses que tienen un costo de Bs 100mil y el precio es colocado únicamente por la Sundee.

Dijo que la harina que llega a la panadería es distribuida de manera equitativa para ellos y para el establecimiento “porque la idea no es afectarlos en la panadería”.

¡Comerse un pancito es un lujo!

“Yo todas las noches llegaba a mi casa con 2 o 3 canillas para la cena, era lo más rápido para no llegar hacer arepa, pero de eso quedó el recuerdo”, contó la señora Petra Rodríguez quien esperaba dentro de la panadería que las agujas del reloj marcaran las 2 de la tarde porque esa “es la hora que sacan el pan”.

En el este, el panorama es exactamente el mismo, en una panadería cerca de La Castellana conocida porque el pan en abundancia era lo primero que se veía al entrar ya solo se ve estantes vacíos. Por ser clientes de la casa y de muchos años, los encargados avisan a sus más fieles visitantes cuando se aproxima la hora de bajar del horno el pan.

“Cuando nos avisan, corremos la voz y vamos bajando graneaditos porque eso es perder -depende la cantidad que saquen- hasta una hora en cola y no podemos dejar la oficina sola”, dice María Rodríguez, mientras que Pedro Bautista insiste que “comerse un pancito es un lujo” porque un campesino puede costar Bs. 800 mil y el llamado pan “redondo” ya roza el millón.