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“Parece un rancho”: El Metro de Caracas atraviesa la peor etapa de su historia

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Ana Rodríguez Brazón / Fotos Alfredo Coronas 

Pensar en un sistema subterráneo de transporte era toda una novedad en América Latina, también era sinónimo de modernidad y vanguardia. En 1913 la ciudad argentina de Buenos Aires inauguró el novedoso medio de transporte, siendo envidia del resto de los países de la región. En Venezuela, las ansias de innovación también se hicieron presentes y ya desde los años 40 surgió la idea de contar con un metro que aliviara el tránsito de la creciente Caracas y su más de 500 mil habitantes. Hoy parece que ese ánimo de modernidad quedó atrás.

Han pasado más de 30 años desde que en 1983 Caracas se incorporara a la vanguardia con su nuevo sistema de transporte. Lo que era un alivio y sinónimo de modestia, hoy es una analogía de la precariedad que vive el país: viajar en metro se ha convertido en un calvario para los caraqueños, valencianos y zulianos, estas dos últimas localidades en el interior del país.

“Para llegar a mi trabajo a las 8:00 a.m. me levanto a las 4:00 a.m. porque vivo en Charallave. Salgo de mi casa más tardar a las 5:00 a.m. a pesar del peligro” narra Édgar Hernández mientras intenta abordar un vagón desde la estación Capitolio, en el centro de Caracas, hasta Los Dos Caminos, al este de la capital.

El recorrido diario de Hernández “es una tortura”, así lo ha denominado. Aunque cuando conversó con La Tribuna de Todos se encontraba en Capitolio, todos los días debe hacer maromas para agarrar el Ferrocarril de los Valles del Tuy para  llegar a Caracas. En ese trayecto recibe y da empujones, golpes e insultos, de lo contrario no llegaría a su destino. Incluso estos maltratos no son sólo de los demás usuarios, también de los funcionarios de seguridad.

“Cuando iba de regreso a mi casa hubo un retraso en La Rinconada, algo que es cotidiano. Nos sacaron como animales de la estación, nos golpearon y gritaron los policías. Yo tomé fotos de la cantidad de personas, pero los uniformados me metieron en un cuarto y me obligaron a borrarlas” sentenció Hernández.

Las calamidades como las que narró Hernández son constantes. Retrasos por ausencia de vagones debido a que muchos están inoperativos por falta de mantenimiento, poco personal y hasta apagones que obligan a los usuarios a salir por los rieles.

Buen servicio en el recuerdo

Juan Ovalles, secretario general del sindicato de jubilados del Metro de Caracas lamentó el abandono en el que se encuentra el sistema.“Seguridad eficiencia y confort, era el eslogan de nuestro metro ahora nada de eso. Las estaciones parecen unos ranchos. Casi 90% de las escaleras no funcionan”.

Aunado al deterioro,  trabajadores y jubilados del sistema subterráneo se encuentran molestos debido al decreto gubernamental 3601 el cual pone en agonía a más de 345 convenciones colectivas de los trabajadores públicos del país, debido a que ahora todos ganarán sueldo mínimo y se eliminan las primas de profesionalización o por hijos. Entre esas más de 300 contrataciones está la de los trabajadores del metro.

Ovalles lamentó que el Presidente Nicolás Maduro, quien trabajó en el Metro no sólo permita la desmejora en los beneficios adquiridos, sino que también sea cómplice del abandono y las calamidades a las que son sometidos los usuarios, quienes además de los suplicios del sistema son víctimas de la delincuencia.

Incertidumbre ante cobro

El pasado 14 de septiembre inició el cobro del pasaje en el medio de transporte, luego de que se desperdiciaran millones de bolívares que pudieron servir para el mantenimiento.

No conforme con aguantar calor por la falta de aires acondicionados en vagones y estaciones, lidiar con las numerosas filas, escaleras apagadas, malos olores y basura, ahora se le suma el viacrucis para adquirir los boletos.

Ante la incertidumbre, en días previos las personas hicieron largas filas que se mantuvieron por horas para comprar los tickets, los cuales sólo sirven para un viaje, a diferencia del sistema anterior, cuando con un boleto se podían realizar dos traslados.

“Los boletos no están pasando por el torniquete. Los agarra un miliciano y los mete en una bolsa. Ya vemos el bachaqueo de los tickets a las afueras del metro. No hay mejorías” cometó Ovalles.

José Gregorio Ríos, usuario del sistema de trenes subterráneo, relató que “estoy de acuerdo con que se cobre el pasaje pero necesitamos un servicio de calidad. A veces puedo pasar hasta dos horas de estación en estación esperando que lleguen los vagones. Eso no es justo”.

Entrar y salir del metro es sin duda una tragedia. La mayoría de las veces las escaleras no funcionan y se ven masas humanas intentando llegar a la superficie, llevándose por delante a ancianos y niños. Muchos salen pisados y hasta sin sus pertenencias.

Es cotidiano escuchar durante el recorrido un “buenos días mi gente bella aquí les traigo el barrilete …”, con esas palabras los vendedores informales ofertan las chucherías dentro de los vagones.

Atrás quedaron los días de modernidad y confort dentro de los vagones, esos que llegaron de Francia para hacer de la capital una ciudad de vanguardia. Por el contrario, montarse en el metro en Caracas es sinónimo de sufrimiento, pero aún así es el medio más económico que no ha escapado de los embates de la revolución.